Si hoc legere potes, nimium eruditionis habes
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sábado, 14 de noviembre de 2015

El discreto encanto del fascismo

Hace un tiempo, en medio de una discusión, me insultaron.
Nada grave en realidad, dijeron que decía incoherencias; no fue un  insulto directo, pero fue algo que me tocó por venir de quien venía.

En esa discusión alguien dijo "con el librito de los derechos se perdonan muchas represiones" y poco después, otra persona amenazó veladamente "va a haber que eliminar gente que piensa distinto".
Se refería a que se me eliminara de la lista de amigos de la persona que había comenzado la charla y que a la larga dijo que decía incoherencias.
Eso me hizo pensar.
Realmente no me parecía estar diciéndolas. Realmente pienso que mi posición republicana era bastante clara entonces, pero aún así, fui marginado.

Aun cuando alguien insinuaba que la Constitución, el "librito de los derechos" no debía de tomarse siempre en consideración, el inadaptado era yo.
Lo que aquella persona insinuaba era qué, como ya otros antes (en el error) habían violado la constitución, eso habilitaba a personas como él a hacer lo mismo. Naturalmente, por  lo bien de todos, por un bien superior.
Cuando señalé que el discurso de "violar la constitución en aras de un bien superior" era algo que se había hecho en los años oscuros, la respuesta fue un condescendiente: ellos estaban equivocados, nosotros no.
Estaba a punto de repetir que exactamente esa era la justificación que se había usado antes para explicar por qué se habían violentado los derechos que él decía defender ahora, cuando me interrumpieron con otra frase preocupante.
"Deberías eliminar a la gente que está acá sólo para molestar"
Estaba frente a otra actitud fascista, el eliminar la voz disidente.

Naturalmente, nadie allí reconocería que aquellas eran actitudes fascistas, pues ellos se consideraban en las antípodas de esa orientación política.
El mero hecho de identificarse como izquierdistas o como defensores de la educación popular los hacía inmunes a caer en el fascismo. Y sin embargo sus discursos se parecían mucho.

El discurso fascista tiene su encanto, mal que nos pese; tanto que incluso aquellos que se sienten lejos de esa doctrina incurren en él con frecuencia.
Mucho de ese encanto viene del mesianismo de creer estar haciendo algo por el bien de todos, aun cuando los beneficiarios no lo entiendan. Aunque se resistan.
El obligar a aceptar algo que el pueblo no quiere (aunque eso redunde en un bienestar futuro) no es una actitud democrática.
El callar a las voces discordantes, tampoco.

Probablemente aquellas personas no lo dijeran en serio, pero sin dudas se habrían sentido más cómodas de no tener a alguien señalando que sus discursos eran fascistas en todo menos en nombre

Nadie está libre de la coerción; de ejercerla o de ser víctima de ella. Y aquellos que la ejercen, en la mayoría de los casos creen estar actuando en función de un bien superior.
No creo que la coerción conduzca a algo bueno, no creo en las buenas intenciones de las revoluciones violentas, no creo en el bien de un discurso fascista. Ni siquiera cuando quienes lo enuncian no imaginan que lo sea.

Las buenas intenciones no tienen que ver con lo bueno o malo de nuestras conductas. Lo que está mal lo está, independientemente de que nuestras intenciones fueran las mejores.
Nuestro grado de compromiso poco tiene que ver con la justicia de nuestras creencias.
No hay fascismos buenos. El discurso no debe ser fascista si la ideología no lo es, porque del discurso al acto hay un trecho más corto de lo que cabría imaginar.


Mis respetos para todos.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Sobre esperas y caminos.


En muchas salas de espera, hay revistas para que la gente se entretenga en esos largos minutos.
Muchas de ellas están ajadas o resultan poco interesantes; pero, de todas formas, las leemos, las ojeamos, las disfrutamos (o no), en síntesis, aunque no nos alegran el día, nos ayudan a pasar el rato.
Digamos que son una especie de viaje entre dos puntos, o una escala, si queremos verlo así.
Si pensamos en nuestras vidas, no sorprendería todo el tiempo que nos toma esperar.
La vida es espera, vivimos esperando (esperamos recibirnos, encontrar un trabajo, esperamos a la persona ideal, a nuestros hijos, etc).
Y, aunque nos parezca que las esperas son pérdidas de tiempo, en realidad estamos viviendo.
Tal vez, si lo miramos de otra manera, el tiempo que "perdemos" esperando, sea ese tiempo para nosotros mismos que necesitamos.
Si vemos la espera como lo que es, vida, podemos darnos cuenta que la espera bien puede ser  un viaje.
Y, muchas veces, en el camino está la recompensa.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sobre probabilidad, posibilidad y realidad


Promedialmente, un hombre produce 2 millones de espermatozoides fértiles al día.
Eso es alrededor de 45000000000 (Cuarenta y cinco mil millones) de espermatozoides en su vida (en promedio)
Cada espermatozoide tiene su ÚNICO ADN (No hay dos iguales)
Estadísticamente, un hombre tiene tres hijos en su vida.
Entonces, la posibilidad que un espermatozoide cualquiera se convierta en vos es de 1:15000000000 (una en quince mil millones)

Pero eso no es todo

La posibilidad de que UN espermatozoide de tu abuelo, se convierta en tu padre y UNO de tu padre se convierta en ti, es de: 1:144 000 000 000 000 000 000 (una en Ciento cuarenta y cuatro TRILLONES)
La posibilidad de TU existencia, luego de diez generaciones, (una generación es 25 años) es: 1:600 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000
La posibilidad de tu existencia (desde el principio de la humanidad) es de: 1:18 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 (y 50000 ceros mas)

Como si, de todas las estrellas del universo, sólo una albergara vida, y esa vida fueras vos.

Pero eso no es todo

Estos cálculos están basados en una paternidad estándar.
No están incluidos factores como la maternidad, la muerte, ya sea por causas naturales o no, o los casos de niños que no alcanzan la adultez.
Si las estadísticas incluyeran todos los factores, la posibilidad de tu existencia se acerca (mucho, surrealmente) a cero.
Entonces. Teniendo en cuenta que, la posibilidad que estés aquí, es casi nula, pero, sin embargo, es cien por ciento seguro que estás aquí:

No es hora de hacer algo? De aprovechar esa oportunidad? De, por lo menos, alegrarte que sos único? Que, ante todas las infinitas posibilidades en contra, estás aquí?
Por más que pienses lo contrario.
Sos único, irrepetible, mágico.

martes, 20 de diciembre de 2011

Sobre racismo y buenas intenciones mal entendidas.

Habitualmente no me refiero a acontecimientos de la realidad, pero la indignación me mueve a hacerlo.
Luis Suárez acaba de ser sancionado con ocho partidos de suspensión y una multa de 40000 euros, tras la denuncia realizada por Patrice Evra.

Recordemos que, según Evra, Luis Suárez lo insultó (con epítetos racistas) durante un partido que disputaron sus respectivos equipos hace algunas semanas.

El punto es que ni la asociación inglesa de fútbol, ni expertos de medios deportivos, pudieron probar que la denuncia tuviera fundamentos.
Esto es, no pudo demostrarse que Suárez hubiese insultado a Evra.

De hecho, tampoco consta en la denuncia que los insultos (en caso que hubieren existido) fuesen racistas.
El propio Evra dijo que Suárez repitió varias veces la mismas palabras durante el partido.

Una denuncia basada en un argumento tan débil cómo "dijo algo que no sé, pero estoy seguro que es racista".

Ahora bien, supongamos que la denuncia partiera de esta base:
Evra comprendió las palabras que Suárez le decía.
Supongamos que, al hacer la denuncia, Evra declara que el jugador uruguayo lo llamó "negro".

Mas allá que Suárez lo dijera con un animo ofensivo o no, (punto irrelevante, porque en un insulto lo que mas pesa es cómo es recibido), la denuncia debería probarse.

Esto es, mediante el análisis de las imágenes del partido, se debe de ver el momento en que los insultos racistas fueron preferidos.

Esto no pasó.
Y no fue por falta de medios, precisamente. La televisación de los partidos es excelente en toda Europa.

Entonces, tenemos insultos que no se sabe si lo fueron, una denuncia sobre ellos con esa base tan poco sólida y, por último, una absoluta falta de pruebas sobre el hecho denunciado.
Cómo falló la cámara actuante ante este cúmulo de inconsistencias?
Declaró a Suárez culpable de un crimen que tal vez no fue tal, que tal vez no existió y que, definitivamente, no se pudo probar
Sin salir del ámbito del fútbol, podríamos decir que ese tribunal cobró "al grito". Esto es, el juez no vio la infracción (de hecho, pudo no haberla), pero la cobra porque un jugador gritó que la falta existió.
Muchas veces la falta existe, pero muchas otras no.
Eso se llama: simulación de falta. Esa conducta está penada.
Con lógica, y justicia, esa práctica está penada.
Pero si el juez ni está seguro sí la falta existió o fue una simulación, debe abstenerse de actuar, abstenerse de juzgar.
Porque todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.
Entonces, si no puede demostrarse la culpabilidad de uno de los involucrados (el que cometió la falta, o el que la simuló) el juez se abstiene.
Y es bueno y lógico que así lo haga.

Pero en este caso, en que no pudo probarse delito, la cámara encontró culpable a Suárez, sin otra pruebas que la palabra de Evra.

Entendió la cámara que Suárez pudo (en su condición de blanco) agraviar a Evra con insultos racistas?

Fue, quizás, éste su razonamiento?
Suárez es blanco, entonces puede ser racista, entonces ES racista.
Evra es negro, entonces puede ser víctima de racismo, entonces FUE VÍCTIMA de racismo.

La respuesta lógica y justa a una sociedad racista "en un sentido", no es una sociedad racista "en el otro sentido".
La solución, no es (permítanme la expresión) "flechar el racismo en el sentido contrario.

La respuesta a una sociedad machista, no es una sociedad feminista.
La respuesta a una sociedad que discrimina a los negros, no es una sociedad que discrimine a los que no lo son.

La respuesta, en ambos casos, es UNA SOCIEDAD DE IGUALES.

Una sociedad donde alguien no sea considerado probablemente culpable por ser blanco, ni seguramente inocente por ser negro.
Una sociedad donde se castigue el racismo.
Pero donde el derecho impere y un hombre pueda seguir siendo inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Mis respetos para todos

viernes, 19 de agosto de 2011

Sobre la libertad de expresión y el nuevo fascismo.

Cuando era adolescente tenía un amigo que, si se enojaba contigo, te llamaba etíope.
Por algún lado había leído que la religión principal de Etiopia era el judaísmo.
Entonces, en el colmo de lo conciso, te llamaba negro y judío con una sola palabra!! Fantástico!!
El insulto perfecto.

Claro que esa "perfección" encontraba ciertos obstáculos.
El primero y mas importante, la falta de efectividad.
Un insulto, al igual que un chiste, pierde sentido, pierde fuerza, si hay que explicarlo.
Segundo, nadie se sentía realmente denostado al ser llamado de esa manera. Que te dijeran negro o judío no era un graaaaan insulto.

Poner en duda tu masculinidad era mucho mas eficiente.
Dudar de la honradez de las mujeres de tu familia era, sin lugar a dudas, la categoría suprema.
Pero éramos amigos y entre nosotros no nos decíamos esas cosas.
Para algunas mujeres que merecían nuestro desprecio, estaba el "puta" en sus múltiples variantes. Incluyendo a la joven en cuestión y toda sus familiares mujeres.
Mas adelante descubrimos una nueva maravilla: tortillera (lesbiana)

Con el tiempo crecimos, nos convertimos en hombres y varios de nosotros formamos una familia.
Hombres comunes y corrientes.

Sin embargo, si queríamos insultar a alguien hace quince o veinte años, lo llamábamos puto, torta, marica o (si ese día nos sentíamos snobs) gay.

Si cualquiera de nosotros usara esas palabras de la manera que las usábamos entonces, hoy seríamos tildados de homófobos, discriminadores o quién sabe que otra cosa.

No digo que lo que hacíamos haya estado bien, mal o mas o menos.
Lo que digo es que ahora estaríamos mal vistos.

Hace poco, discutiendo con otro amigo, tratábamos el tema de la libertad de expresión.
Sostengo que este período es uno de los que nos ha impuesto mayores límites a la hora de opinar.
Es el tiempo de la "dictadura de lo políticamente correcto"

Para demostrar mi posición entré a un foro (se que no es el lugar mas adecuado si se buscan respuestas inteligentes, pero era el mas a mano) en el que solía participar y puse estas sentencias:

De los promiscuos, tengo la misma visión que las feministas.
De las promiscuas, tengo la misma visión que los machistas.

Y le dije esto a mi amigo: vas a ver que la mayoría de los que opinen van a atacarme como persona, van a decir "no te importa!!!", "deja vivir!!!" o "no juzgues si no quieres que te juzguen".

Pocos cuestionarán mis ideas, pero la mayoría cuestionará mi derecho a decirlas.
En aras de la libertad de expresión, cuestionarán mi derecho opinar.

Me trataron tal como esperaba.
Me decían que no era mi derecho juzgar a nadie.
Desde cuando está mal juzgar a otro?
Desde cuando el juzgar no es parte de nuestra vida?
No juzgamos cuando elejimos pareja?
No llegamos a la mayoría de nuestras decisiones mas importantes luego de juzgar las opciones?

Todos lo hacemos, todo el tiempo.
Y ESTÁ BIEEEN.

Muchos de quienes me conminaban a no juzgar a los demás, opinaban luego sobre religión, política o lo que fuere.
Juzgaban a tooooodos (salvo contadas y honrosas excepciones) los musulmanes hablando de ellos como si todos fueran salvajes primitivos, agresores de mujeres.
Juzgaban a los políticos y los consideraban venales, corruptos y megalomanos.
Y, para ellos, la gran mayoría de los sacerdotes merecían la hoguera por el delito de pederastía.

Lo que quiero mostrar es que hay cosas sobre las que se puede juzgar libremente, pero hay otras sobre las que no es posible hacerlo.
Está mal.
No se hace.
Cualquier crítica es fruto del prejuicio.

Si existen temas sobre los que está "bien visto" opinar, sobre los que "hay que oír todas las voces", sobre los que hay que "respetar todas las posiciones", también existen aquellas posturas que no está bien visto sostener.
En las que, incluso opinar diferente a lo mayormente aceptado, lleva a que se clame por nuestro silencio.

Lars von Triers, el cineasta danés, experimentó esa situación.
Mas allá que su posición no es, para nada, compartible, el hecho que se lo expulsara de un festival de cine por expresarse, no tiene justificativo alguno.

Si una sociedad decide por nosotros que es bueno pensar, que es legítimo creer o sentir, las libertades individuales están seriamente limitadas.

Es, mal que le pese, una sociedad fascista.

La base de todas las revoluciones es el pensar diferente, lo que nos lleva a evolucionar socialmente es el disenso.
Ideas revolucionarias, o simplemente distintas a lo habitual, siempre sonarán mal a algún sector.

Entonces, si mi voz debe silenciarse o mi discurso cambiarse para no molestar, mi libertad no es tal.
Una sociedad, donde las voces disidentes son acalladas, donde las ideas están limitadas a lo mayoritariamente considerado "bueno" es una sociedad que se resiste al cambio, a la crítica.
Es una sociedad estancada.

Y se llega a la paradoja de silenciar voces en el afán de defender la libertad de expresión.
Lo políticamente correcto (entendido como suavizar nuestro discurso, nuestras ideas, para no molestar a nadie) es el nuevo fascismo.


Mis respetos para todos.

domingo, 2 de enero de 2011

Sobre lo gris de la historia.

A medida que se estudia y se analiza la historia, surge una visión descorazonadora del hombre.

La historia es cíclica, la humanidad parece condenada a repetir periodicamente los mismos errores.

La búsqueda del poder en cualquiera de sus formas, es el combustible que ha iniciado fuegos que han destruido vidas, comunidades o civilizaciones.

Muchas veces, defendiendo nuestros "derechos inalienables" hemos arrasado con los derechos de los demás. Las revoluciones no se inician en la plebe, sino fogoneadas por eruditos, guías espirituales o maestros.

Líderes que sin importar el costo en sangre, querrían ver plasmadas sus ideas, realizadas sus utopías, acrecentado su poder.

Bajo el falaz discurso del "bien común" sólo buscaban acariciar su ego, su pueril pedantería.

El estudio de la historia humana muestra un panorama casi negro.

Lo que nos salva de la oscuridad son aquellos seres luminosos, aquellos que realmente anteponen el bienestar de los demás al suyo propio.

Aquellos que no viajan a la India para ayudar a los pobres, sino que ayudan dentro de su comunidad. Tiene menos glamour, naturalmente, pero buscar ayudar de manera glamorosa es ayudar?
Salvar una vida, en un mar de sufrimiento, no parece hacer mucha diferencia. Pero para ésa vida, lo es todo.

Gandhi decía que un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales.

Es cierto, pero creo que una mejor medida de la estatura de una civilización, es la forma en que sus miembros se tratan entre si.

La oscuridad tiene quien se ocupe de ella y luche por acrecentarla.

Es nuestro deber ser faros, para que la historia se torne mas blanca.

martes, 7 de diciembre de 2010

Sobre "muletas" filosóficas


Decía Nietzsche "Hay almas que enturbian sus almas para parecer profundas"

Hay quienes se "uniforman" según creen debería vestirse alguien que piense como ellos, es decir la vestimenta es condición sine qua non para su filosofía.
No sólo la ropa, sino también los accesorios parecer ser complemento imprescindible de su forma de pensar-vivir.
Lentes de marco grueso (preferentemente negros) si uno aspira a ser considerado culto o creativo.
Calzas coloridas, si somos estudiantes de sociología o alguna de otras "ogías". Luego de acceder al título hay quienes las siguen usando o las cambian por lentes de marco grueso.
Peinados o ropa “loca” si uno es artista o transgresor.
Y muchas veces su filosofía no va más allá del uniforme.

Una nueva variante es cambiar nuestra foto de perfil en nuestra red social favorita o pegar alguna frase en nuestro muro.

Parece que sus convicciones son tan débiles que necesitan exteriorizar de alguna manera que son fervorosos practicantes de su filosofía.
Las convicciones no necesitan muletas, no necesitan de uniformes, ni de actos visibles para ser fuertes.
Precisan, simplemente que las tengamos, pero sobretodo, que vivamos según las pautas que nos dictan.

Si vivimos según nuestras convicciones quien tenga que entender, entenderá. Quien quiera creer, creerá.
Y aquellos que crean que no somos cultos, humanistas o lo suficientemente vegetarianos o amantes de los animales por no usar la  vestimenta o los accesorios "necesarios" no están tan inmersos como quisieran.

Las ropas cambian, las modas cambian (muchos movimientos filosóficos no son más que eso), pero las reales convicciones, nuestros reales valores son parte de nosotros.

Sólo necesitamos ser nosotros mismos.

Saludos

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sobre apuros y pérdidas

Hace un tiempo vi que algunos artículos en diarios online tenían en el encabezado el tiempo que le demandarían a un lector promedio; 3 minutos, 7 minutos u once minutos. El mas largo que encontré fue de 17.

Y supongo que más de uno le escapará a aquellos que le lleven mucho tiempo.

En este tiempo estamos bombardeados por mensajes que dicen "Carpe Diem", disfruta el momento.

Se busca la gratificación instantánea, la reacción atávica, la satifacción primitiva. Con métodos ultra modernos, claro, pero aputan a tu cerebro reptiliano.

Aquello que no satisface rápido se desecha. Todo lo que suponga elaboración mental supone una perdida de tiempo.

Y así, aquello que apunta a un disfrute superior (¿y qué es sinó la lectura, la música o el disfrutar de cualquier obra de arte ?) a un sentir excelso, a una experiencia larga y hermosa en la complejidad de sus matices, deviene en pérdida de tiempo.

La lectura no provoca una explosión de adrenalina, entonces no debe estar tan buena.
Una novela de 300 páginas es una torturaaaaa. Leí una novela extractada de Stephen King, tenía 700 páginas, luego leí la versión completa, de 1100 y me gustó más.

Si la letra de una canción no te da risa, no te erotiza o no te hace llorar, no sirve.
La música clásica no tiene letra, entonces es aburridaaaaaaa (Olvidan los Requiems, los recitativos y los coros).


Aquello que no te da gratificación instantánea no vale la pena.

Tal la idea que está creciendo en el mundo. Y tal la base de la pérdida que tendremos en la cultura, las artes y la filosofía y, básicamente en nuestra riqueza como sociedad.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Sobre estar solo entre miles

En un un diálogo de la película Antz, el personaje principal dice una frase muy a lo Woody Allen, "es muy difícil ser el hijo del medio en una familia de treinta millones"

La vida en la ciudad tiene múltiples ventajas, la interacción social es una de ellas. El ser "parte de la manada", uno más entre miles, protege.
Si somos un individuo entre miles no destacamos, nadie nos va a mirar, nadie nos va a juzgar.

Podemos sentirnos seguros en nuestra invisibilidad.

Tenemos, además, todo cerca, todo a mano. Podemos tener practicamente lo que queramos (siempre que podamos pagarlo) sin mayores dilaciones.

Alcanzar lo que queremos casi al instante.

Beneficios.

Beneficios, sin duda. Pero a que precio?

El tener todo a mano, casi sin esfuerzo, hace que el conseguirlo no gratifique. Pero el no conseguir (por uno u otro motivo) hace que nos sintamos en falta, no sólo ante nosotros mismos, sino ante la sociedad.
Al ser uno más entre miles el trato se vuelve impersonal, quien está ahí no es alguien, es uno más, un número.

Y eso genera angustia, genera depresión.

Y terminamos como los norteamericanos, miramos Friends, pero tememos involucrarnos con los demás.

Nos sentimos sólos entre miles de personas.


En una localidad pequeña la situación es otra.

Pasamos de ser un individuo gris a una persona.

Somos la dentista, el carnicero, el vasco, el gallego, la turca.
Naturalmente hay problemas, bien se dice "pueblo chico, infierno grande", pero el interactuar con personas "reales" hace mas rica la relación.

Perdemos inmediatez, pero es eso realmente una pérdida?
La dificultad, o la sana espera por algo que deseamos, no hace que lo valoremos más?
Como a un ser amado al que sólo podemos tocar una vez al año.

El aroma de la tierra mojada, el despertar con el canto de los pájaros, las noches estrelladas.

Todo eso es ganancia; todo eso es paz.

Con la paz interior se entiende el valor de uno mismo.

La felicidad no es un fin, es un camino.


Saludos

martes, 23 de noviembre de 2010

Sobre búsquedas y encuentros

"El que no sabe lo que busca, no entiende lo que encuentra."

Claude Bernard dijo esto una vez, es bastante aplicable, sobretodo en la ciencia.

Pero ese empirismo extremo no es conducente, la ciencia misma sabe de innumerables casos donde por casualidad o azar se ha llegado a grandes descubrimientos.
Casos incluso de científicos que, dormidos, han escrito enunciados o fórmulas que los han llevado a descubrimientos.


Acostumbramos buscar sin saber lo que buscamos. Incluso buscamos sin saber que lo hacemos.
Y la recompensa de esa búsqueda ignota muchas veces supera nuestras expectativas.


Somos seres racionales, pero también somos seres emotivos.

Tal vez sea cierto que aquel que no sabe lo que busca no entienda aquello que encuentre.
Pero no es menos cierto que aquel que no sabe que busca (que no sabe que está buscando) entienda y ame lo que encuentra.



Saludos

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobre la capacidad de asombro

Hace unos años leí un cuento (Creo que de Ángel María Luna), se llamaba "Tengo visto al Japonés".
En el cuento se retrataba la vida de un paisano que, frente a cada fenómeno o acontecimiento que pudiese provocar asombro, decía Tengo visto al Japonés.
Éste paisano, habiendo viajado de joven a Buenos Aires, había visto a un japonés tender un cable entre dos edificios (imaginemos que tan altos debían parecer los edificios de la gran ciudad a alguien de campo) y, sin miedo aparente, cruzar de uno a otro caminando sobre el cable.
Nuestro amigo, concluyendo que ya nada en la vida podría sorprenderlo de esa manera, dio por muerta su capacidad de asombro.
Nada podía, pues, sorprenderlo, ya que él tenía visto al japonés.

Cuando leí esto por primera vez, me resultó cómico. Ya no soy el mismo.
Creo que ese cuento encierra una gran pérdida, es triste.

La capacidad de asombro es algo que nos une a nuestra infancia, donde todo era un mundo de maravillas y constantes descubrimientos.
Cada pequeña cosa que aprendíamos era un viaje sorprendente, todo aquello que no entendíamos, magia.

Pero algo de esa magia se mantiene y nos acompaña siempre, la capacidad de asombro no tiene límites.
Y eso es algo por lo que sentirnos felices.

Y, ya sea que tengamos visto al japonés, hayamos visto el mayor despliegue de fuegos artificiales en disney o descubramos las delicadas nervaduras en las alas de una mosca, siempre habrá algo que nos sorprenda, algo nuevo, algo que nos haga contener el aliento.

La vida es descubrimiento, todos los días aprendemos algo, todo puede enseñarnos algo.

Y en todo descubrimiento, en cada pequeño paso hacia lo desconocido, se esconde un japonés dispuesto a tender su cable.


Saludos

martes, 16 de noviembre de 2010

Pequeña diatriba contra la Tauromaquia



Partamos de esta base: Un animal es un animal y es pueril endilgarle sentimientos humanos.

Pero es igualmente vano tratar de ocultar el dolor que pueda sentir un animal refugiándose en decir que sólo es un animal.

No hay belleza en la tortura, no hay belleza en el dolor, no hay heroismo en la turba morbosa.

La tauromaquia es un espectáculo dantesco, abominable e inútil.
La muerte como espectáculo es deleznable, participar, aunque sólo sea como espectadores pasivos, nos embrutece.

No todo cambio es una mejoría, pero continuar tradiciones salvajes sólo por el hecho que son antiguas es una imbecilidad.


Mis respetos para todos.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sobre la belleza.

La búsqueda de belleza es algo inherente al hombre. En un sentido amplio, la belleza es todo aquello que nos hace sentir bien, felices. Por tanto, el concepto de belleza es tan amplio como querramos que sea y, por esta misma amplitud, absolutamente subjetivo.
En un sentido estético, la contemplación de la naturaleza o de imágenes de ella, es para mi una de las formas más genuinas y fáciles de encontrarme con la belleza.
El hombre, a través de la creación, puede generar obras tan bellas y emocionantes como las naturales; obras que nos quitan el aliento por su elegancia, armonía y su capacidad de transmitir sentimiento.
Es en la música, tal vez, donde este objetivo (la búsqueda de belleza) alcance su fin de la manera mas acabada, mas plena.
Sentir como nuestra piel se eriza, nuestro corazón se agita y nuestra alma se regocija , sentir que la maravilla de una obra nos toca, es algo sublime.

"Si no lo sientes, no lo entiendes" es una frase que, creo, explica a cabalidad la emoción que se siente ante  la belleza.
Si no sentimos emoción ante una obra, si ésta no nos llega, no significa que no sea bella, no significa que estemos equivocados, ni mucho menos.
Significa, nada más, que en ese momento (y éste es un concepto clave) nuestra receptividad o nuestra concepción de la belleza no cuadra con lo que vemos, o con lo que sentimos.

Se dice que hay tantos libros como lectores.
Entiendo la base de esa sentencia, entiendo el razonamiento que derivó en ella.
Pero me parece incompleto.
En realidad, hay tantos libros como LECTURAS, y ésto se relaciona con el párrafo anterior.

Nuestra vida es cambio. No siempre evolución (se equivocan aquellos que ven evolución en todo cambio), sino cambio constante.
No somos hoy los mismos que ayer, no somos ahora quienes eramos cuando empezamos a leer esto (o a escribirlo).
Por esa causa, reaccionamos de maneras distintas ante los mismos estímulos.

Lo que no nos toca hoy, nos puede emocionar mañana.